Para comenzar, quisiera hacerles una pregunta: ¿Cuántas veces hemos escuchado hablar de las mujeres que fueron parte de la oposición a la dictadura?
Durante el primer semestre decidí realizar una investigación sobre la influencia del movimiento feminista en la oposición de la dictadura y, a pesar de yo saber que las mujeres tuvieron un rol protagónico en este período (en especial dentro de la década de los ´80), hubo algo que me llamó mucho la atención: lo difícil que fue encontrar fuentes secundarias sobre este mismo tema. A pesar de que las mujeres tuvieron gran protagonismo dentro de la búsqueda de los detenidos desaparecidos, en los libros de la historia chilena se habla realmente poco sobre ellas.
Es por eso que surge una pregunta que va mucho más allá de mi investigación: ¿por qué, si las mujeres fueron parte activa de la oposición a la dictadura, su protagonismo aparece tan poco? Hoy me gustaría hablar sobre la influencia de las mujeres y el Movimiento Feminista a la formación de una oposición a la dictadura y en qué medida su lucha también amplió la idea del significado de resistencia.
En la parte teórica, una de las autoras protagonistas del feminismo en los ´80 fue Julieta Kirkwood, quien escribió libros que marcaron la memoria feminista, como Ser política en Chile o Tejiendo rebeldías. Ella aportó planteando que la democracia no podía quedarse solamente en el ámbito institucional, sino que también debía cuestionar las relaciones autoritarias dentro de la sociedad atravesadas por el género. Desde este pensamiento es que nace la famosa consigna “Democracia en el país y en la casa”, la cual fue clave para el Movimiento Feminista de aquella época utilizándola para conectar la lucha contra el autoritarismo político y contra la subordinación de las mujeres. Esto simbolizado por la redistribución de los cuidados y la erradicación de la violencia de género en todas sus formas.
Es por esto que para las feministas, la dictadura iba más allá de un problema político-institucional. Ellas vieron en la lucha una oportunidad para alzarse en contra del sistema patriarcal que las oprimía, incluso desde su misma “vereda” de lucha (partidos políticos principalmente), que postergaban sus ideales por otras iniciativas consideradas más importantes. Así como pasó con las demandas estructurales feministas durante los primeros gobiernos democráticos, como los derechos sexuales y reproductivos o la despenalización del aborto, estas demandas se pospusieron y congelaron durante todos los gobiernos concertacionistas hasta el de Michelle Bachelet.
En este sentido, además de la lucha teórica, la movilización callejera por parte de las mujeres fue un factor crucial en la construcción de la oposición política. Las mujeres fueron actrices principales en la búsqueda de los detenidos desaparecidos en conjunto con los familiares de estos mismos, muchas veces ellas siendo madres, esposas, hermanas e hijas, transformaron la búsqueda de los detenidos desaparecidos en una forma activa de denuncia política. Esta transformación resulta especialmente relevante debido a que permitió que una experiencia asociada tradicionalmente al ámbito privado, como la pérdida de un familiar, en conjunto con el dolor y la incertidumbre, adquiriera también una dimensión política y pública, debido a que las mujeres cuestionaban directamente al Estado, que negaba sus responsabilidades frente a todas las desapariciones. Es por esto que, lo que inicialmente podía entenderse como un dolor privado, se transformó en una denuncia pública contra el Estado.
Si bien es cierto que las mujeres participaron activamente en la búsqueda de los detenidos desaparecidos, el Movimiento Feminista experimentó una importante rearticulación a inicios de la década de 1980, vinculándose con la lucha en oposición al régimen autoritario. En este mismo escenario, el Movimiento Feminista de Chile adquirió una presencia e incidencia mayor dentro de la movilización social y política en contra de la dictadura. En 1983 surgieron organizaciones como Mujeres por la Vida, mientras que también se produjo el resurgimiento del Movimiento de Emancipación de la Mujer Chilena (MEMCh´83), organizaciones que cumplieron un papel importante en la articulación de las mujeres en oposición hacia el régimen autoritario de Augusto Pinochet.
A pesar de que las mujeres por el lado de la oposición hayan cumplido un rol protagónico, por parte del régimen se promovió y reforzó la concepción tradicional de la mujer y la familia, siendo Lucía Hiriart una de las principales figuras para representar públicamente a la mujer chilena. Si se analizan varias fotografías y portadas de la revista Amiga, en donde aparecen Lucía Hiriart y Augusto Pinochet, se logra divisar un patrón muy frecuente: cuando Hiriart aparece con más mujeres o con niñas y niños pequeños aparece como protagonista de la fotografía. Sin embargo, cuando ella figura al lado de Augusto Pinochet, se le ve frecuentemente detrás de él, pasando a ser el hombre el protagonista de las fotografías. Esto refleja el modelo de mujer promovido por la dictadura: una mujer maternal, subordinada por el orden patriarcal y que complementa al hombre mas no como una figura autónoma.
Debido justamente a la existencia de este modelo de feminidad, vinculado principalmente a lo privado y a la sumisión de la mujer frente al hombre es que la entrada de las mujeres a la esfera pública adquirió una dimensión intrínsecamente política. De esta forma, se puede hablar sobre un proceso de politización femenina, mediante el cual el rol de la mujer traslada sus experiencias y vivencias desde la vida privada para construir una voz activa y colectiva dentro de la esfera pública. El nuevo modelo de mujer marcado por la lucha política activa y el empoderamiento femenino desafiaba directamente al estereotipo femenino promovido por la dictadura.
De esta manera es que el Movimiento Feminista en Chile contribuyó también a la ruptura de aquellos estereotipos sobre lo que significaba ser mujer en la década de 1980 en Chile, transformando su rol en algo más incidente y presente en la esfera pública. Su participación dentro de la oposición rompió el límite de denunciar la dictadura, trascendiendo también en cuestionar los roles de género dentro de la misma oposición y reclamar propuestas que históricamente fueron pospuestas por parte de partidos de izquierda liderados por hombres. En este sentido es que tanto las mujeres como el Movimiento Feminista en general no se limitaron solamente a acompañar a la oposición, sino que fueron grandes protagonistas de ella, organizando de manera colectiva acciones callejeras, creando consignas y redefiniendo el significado de hacer política en Chile, de manera que las demandas feministas (como la erradicación de la violencia de género, la mala distribución de los cuidados dentro de las familias o los derechos sexuales y reproductivos) pasaron a ser entendidos como asuntos políticos colectivos que requerían discusión y acción política.
Por último, queda mencionar que en la actualidad como feministas de Chile debemos ser conscientes del gran legado que dejaron nuestras propias compañeras años atrás, tanto para conservar este mismo como para aprender de las acciones y la resistencia que ellas tuvieron dentro de aquellos años. Al comienzo preguntaba por qué hemos escuchado tan poco sobre mujeres feministas al hablar sobre la oposición a la dictadura, yo creo que recordar estas mismas historias es también una forma de comenzar a responder esa pregunta. Para poder avanzar, es crucial también comprender nuestra propia historia, incluso cuando parte de ella haya quedado oculta y en consecuencia, no se nos sea enseñada en ambientes institucionales. Recordar la resistencia feminista durante la dictadura es mucho más que comprender el pasado: también significa reconocer que muchas de las luchas que continuamos hoy tienen raíces en ellas.
Gabriela Campbell Celis
Área género.


