Hablar de innovación, inteligencia artificial y el futuro digital en Chile mientras se le quita un computador de las manos a un estudiante vulnerable no es un simple ajuste de presupuesto: es una aberración. Resulta profundamente hipócrita y una estupidez que un gobierno que se llena la boca hablando de tecnología decida recortar los fondos de las Becas TIC. En pleno siglo XXI, donde estar desconectado es sinónimo de exclusión absoluta, arrebatar esta herramienta bajo justificaciones sin fundamento es amputarle el futuro a miles de niñeces.
Quienes llevamos años dando la pelea por derribar barreras en las disciplinas STEM sabemos que el talento sobra, pero las oportunidades faltan. No podemos ser tan ciegos como para creer que la educación formal lo resuelve todo o que el punto de partida es igual para cada estudiante. Comparar un colegio de la zona oriente —en donde los estudiantes crecen con laboratorios de última generación, herramientas de robótica o egresan siendo bilingües— con un establecimiento de una zona vulnerable, que a duras penas puede enseñar lo mínimo, es un insulto a la realidad. Para un niño o una niña en desventaja, el computador que entrega el Estado no es un lujo ni un premio; es, muchas veces, su única ventana a un universo de conocimientos que su sala de clases no le alcanzará a mostrar.
Justificar este recorte o sugerir implícitamente que las familias deben asumir esta carga demuestra una desconexión brutal con la realidad del país. Hoy, un equipo con capacidades básicas para estudiar o aprender a programar no cuesta menos de 500 mil pesos. Con el costo de la vida por las nubes y considerando el sueldo mínimo actual en Chile, pedirle a una familia que compre un computador es, sencillamente, IMPOSIBLE. Pretender que el bolsillo de los hogares más precarizados aguante este golpe es condenarlos a perpetuar el ciclo de la desigualdad y la exclusión digital.
El aprendizaje y el descubrimiento de una vocación no ocurren solo de 8:00 a 16:00 horas. Menos del 50% de los colegios en nuestro país enseña activamente programación o entrega herramientas tecnológicas profundas. El momento en que una mente joven descubre que puede crear tecnología y no solo consumirla, sucede cuando tiene la máquina en sus manos, explorando por su cuenta, equivocándose y diseñando soluciones desde su habitación. Sin los computadores de las Becas TIC, ¿cómo fomentamos la programación en los sectores marginados? ¿Cómo cerramos la inmensa brecha que ya aleja a las niñas de las ciencias, si ahora ni siquiera tendrán el equipo básico para atreverse a intentarlo?
Al recortar estos fondos, el Estado no está ahorrando plata; está hipotecando a una generación entera. Frente a esta amenaza, debemos exigir respuestas y preguntarnos con rabia: ¿Cuántas oportunidades reales les estamos robando a quienes recién comienzan? ¿Cuánto les estamos acortando el sueño del futuro? ¿Y cuántas mentes brillantes se apagarán en la frustración, sin encontrar jamás su camino hacia el mundo STEM, solo porque a alguien en una oficina le pareció un «gasto» prescindible?.
Isidora Zapata Amengual
Voluntaria STEM


