Escrita por Gianella Valenzuela, Voluntaria del área de Género de Tremendas
Cada 28 de Mayo, el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres nos invita a observar el pasado para comprender las disputas del presente y visibilizar nuestros desafíos médicos y sociales. En esta fecha, en 1935, Elena Caffarena escribió una carta “A las Mujeres”, un llamado a sumar sus fuerzas ante el espectro del fascismo, en pos del reconocimiento de derechos reproductivos y cívicos. Aquella advertencia nos recuerda que el feminismo organizado nunca ha sido una ola —un evento coyuntural y aislado— es una fuerza profunda, continua e intergeneracional, una marea humana e histórica que une ideas de hace 91 años con las urgencias del presente, capaz de transformar el mapa político desde sus cimientos
Tanto el abandono de la ministra de la Mujer al proyecto de Ley de Aborto a Plazos, como la restauración del Bono por Séptimo Hijo del Mismo Sexo, exponen una señal innegable de la convicción autoritaria de que regresemos al ámbito de lo privado y las labores reproductivas que le acompañan. En el actual marco de un gobierno implementando un programa de reducción estatal y precarización, nos recuerda lo que ya se advertía, los derechos adquiridos siempre se encuentran en disputa. Esta afectación se manifiesta de manera directa en recortes millonarios al Ministerio de la Mujer y Equidad de género, así como el SERNAMEG, en desmedro de programas claves, destinados a víctimas y sobrevivientes de violencia de género, así como también a Mujeres Jefas de Hogar. Este programa por medio de capacitaciones, inserción laboral y apoyo al emprendimiento, busca fortalecer la autonomía económica, siendo en tanto una política pública indispensable en un país con altas tasas de informalidad y desempleo femenino.
Considerando el aumento del coste de la vida, es claro que la salud y autonomía de las mujeres no es una prioridad para el Estado, por su incapacidad de comprender el rol vital de las mujeres en la economía nacional y reconocerlas como ciudadanas completas. Como nos recordaba Elena Caffarena al afirmar que “la mujer tiene derecho a la maternidad consciente en aquellos casos en que su estado de salud y condiciones económicas se lo permitan” el acceso a anticonceptivos, así como a una interrupción segura del embarazo, es vital para la garantía de los derechos sexuales y reproductivos, manifestados en la planificación familiar, los cuales no son un mero capricho, corresponden a una demanda histórica y continua.
Comprender que los problemas domésticos, el estrés y afectación a la salud mental por la angustia de no llegar a fin de mes, la doble jornada laboral —el empleo y los cuidados domésticos—, no por pertenecer al ámbito privado son individuales, es el coste del sistema, el cargo de sostener la vida, que se impone a las mujeres, exacerbado cuando el gobierno debilita la estabilidad de la economía familiar. En cuanto comprendamos que la división de lo social y doméstico es una falsa dicotomía, podremos nombrar nuestras aflicciones como un problema político mayor y en tanto asuntos de contingencia nacional. Es nuevamente nuestra tarea como movimiento feminista, de mujeres y disidencias sexogenéricas, plantarnos en firme oposición al autoritarismo e incluso más relevante, en amplia unidad.
Ha sido necesario re-encontrarnos para pensar nuestro quehacer político, porque la defensa de nuestros derechos no es tan solo una suma de breves momentos de álgida movilización, la lucha por erradicar las aflicciones que sufrimos solo por nuestro género es un desafío constante y sostenido continuamente en la historia por la marea feminista. Comprendemos que no alcanzaremos la transformación social bajo las mismas lógicas que sostienen el alza del individualismo y fascismo; es entonces que encontramos la ternura movilizada por la rabia frente a la injusticia. Dignificar la emotividad, el conmoverse de cara a la indiferencia, el actuar con el bien colectivo como norte, reflejar en las prácticas políticas cotidianas el cuidado, compañerismo y consideración. Desde la base de reconocer que nuestras diferencias etarias, de clase, culturales y étnicas, son esenciales para enriquecer un proyecto que se ha puesto en marcha varias generaciones atrás, en el que contribuir es sinónimo de proteger los intereses de todas.
Es en ese espíritu de articulación y ternura radical, con el que la historia nos continúa interpelando. Las palabras de Caffarena resuenan en nuestras urgencias actuales. El encuentro sigue siendo nuestra mejor estrategia: este 28 de mayo la invitación es a congregarnos nuevamente en el Paseo Bulnes para escuchar una nueva “Carta a las Mujeres”. Que nuestras voces al unísono rompan la inercia cotidiana cual marea en el roquerío, con un estruendo que nos convoque a los desafíos de nuestro presente.
Bibliografía
Programa Mujeres Jefas de Hogar
Feminismo como Negación del Autoritarismo, Julieta Kirkwood, 1983.
A las Mujeres, Elena Caffarena, 1935.


