Por Gabriela Campbell y Natalia Rojas.
En el marco del Día Internacional de la Salud e Higiene Menstrual, es necesario generar conciencia sobre el tabú que la menstruación continúa siendo. Para muchas niñas, mujeres y personas menstruantes, menstruar es una experiencia que se vive entre susurros, silencios y privacidad. La mayoría de las veces porque se nos enseñó a no incomodar a los hombres, provocando que nuestros dolores, experiencias e incomodidades queden relegados frente a la comodidad masculina. En este sentido, se dice que la menstruación es más que un proceso biológico, es también una experiencia social que está condicionada por expectativas de género.
Este tabú se refleja en situaciones cotidianas: Cuando en sexto básico escondíamos la toalla higiénica para ir al baño, cuando le decíamos “Andrés” a la menstruación para no nombrarla directamente o cuando los dolores menstruales son minimizados bajo frases como “no son para tanto”. Sin embargo muchas personas menstruantes no se ven capacitadas incluso para realizar sus actividades diarias con normalidad.
De acuerdo a los resultados de una encuesta realizada por el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género junto a otras organizaciones como Academia La Tribu, publicados el 8 de enero del presente año, un 63% de las mujeres encuestadas dejó de participar en actividades sociales debido a la menstruación o a sus síntomas; y un 11% se ha sentido discriminada; un 10% expresa que se ha ocultado por estar menstruando; y un 7% ha sentido vergüenza en torno a este tema; a esto se suma que un 29% de las encuestadas ha tenido un periodo de su vida sin acceso a productos de gestión menstrual; y un 25% indicó no contar con dinero para costear tales productos. Esto refleja no solo la urgente necesidad de garantizar el derecho a la salud menstrual, sino que también deja en evidencia que las desigualdades sociales afectan de manera desproporcionada a las mujeres en comparación a los hombres.
Muchas veces la invisibilización del dolor se refleja incluso en el área de la salud. Cuando niñas, mujeres y personas menstruantes consultan por alguna solución para los fuertes dolores menstruales, la primera opción de algunos médicos es recetar anticonceptivos hormonales, ignorando completamente los diferentes orígenes del problema. En ocasiones, estos anticonceptivos son ciertamente un alivio para estos dolores, pero no constituyen una solución de raíz para el tema. Algunos médicos ignoran patologías como la endometriosis, el síndrome de ovario poliquístico, entre otros trastornos que debido a esta histórica minimización del dolor menstrual, tardan años en ser diagnosticados.
Actualmente, en Chile el derecho a la salud menstrual no se encuentra garantizado, lo que significa que aún en pleno 2026 siguen existiendo personas sin acceso a información certera y a las condiciones sanitarias básicas para poder satisfacer este derecho. Según la UNFPA (United Nations Population Fund) para gozar de salud menstrual es necesario que se encuentren garantizados Derechos Humanos como el derecho a la salud y a la educación, el derecho a la no discriminación e igualdad de género, derechos sexuales, reproductivos, entre otros.
Lo mencionado anteriormente refleja que incluso en 2026 la menstruación sigue siendo tratada como un privilegio, donde solo algunas pueden vivirla sin sentir vergüenza ni incomodidad y tratarla como un tema importante. Cuando se habla de menstruación, no se habla solamente de un proceso biológico, sino que también de dignidad, salud pública, derechos humanos y educación. Mientras siga existiendo desinformación, minimización del dolor y pobreza menstrual, miles de niñas, mujeres y personas menstruantes seguirán enfrentando desigualdades que normalmente pasan desapercibidas. Es por esto que romper el tabú implica también dejar de tratar la menstruación como algo oculto o “solo de mujeres” y empezar a comprenderla como una cuestión de dignidad y salud pública.
Por esto y más, exigir salud menstrual digna no es exagerar ni incomodar, es exigir derechos básicos. En este sentido, reivindicamos la salud menstrual garantizada para todas las niñas, adolescentes y personas menstruantes, porque menstruar nunca debió ser un motivo de vergüenza. ¡Defender es avanzar, el horizonte es feminista!


